Los hipopresivos se han convertido en la respuesta automática a casi todo: la barriga que no vuelve después del parto, las pérdidas de orina, la sensación de pesadez. Se recomiendan en el gimnasio, en grupos de madres y en vídeos de tres minutos, casi siempre sin que nadie haya mirado antes qué está pasando en ese suelo pélvico concreto.
Y ahí está el problema. Los hipopresivos son una herramienta útil en algunos casos, irrelevante en otros y contraproducente en unos cuantos. Este artículo explica cuáles son cada uno.

Qué son exactamente los hipopresivos
La gimnasia abdominal hipopresiva es un conjunto de posturas combinadas con un patrón respiratorio muy concreto. La clave es la apnea espiratoria: se expulsa todo el aire, se cierra la glotis y se abre la caja torácica como si se fuera a coger aire, pero sin cogerlo.
Ese gesto crea una succión dentro del abdomen. La presión abdominal baja, el diafragma asciende y las vísceras se desplazan hacia arriba. De ahí el nombre: hipo-presivo, de baja presión, en oposición a un abdominal clásico, que aumenta la presión y empuja hacia abajo.
Esa succión provoca, de forma refleja, una contracción de la musculatura del suelo pélvico y de la faja abdominal profunda. Es un reflejo, no un movimiento voluntario: no estás apretando, tu cuerpo lo hace solo en respuesta al cambio de presión.
Qué dice la evidencia
Conviene ser honestos, porque aquí se ha prometido mucho más de lo que se ha demostrado.
Para la incontinencia urinaria, el tratamiento de primera elección sigue siendo el entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico, no los hipopresivos. Es lo que recomiendan las guías clínicas internacionales, y es donde la evidencia es más sólida y más antigua.
Los estudios que han comparado hipopresivos frente a entrenamiento del suelo pélvico no encuentran que los primeros sean superiores. Cuando se combinan ambos, los resultados no mejoran de forma clara respecto al entrenamiento solo. La investigación disponible es además escasa, con muestras pequeñas y protocolos muy distintos entre sí, lo que hace difícil sacar conclusiones firmes.
Esto no significa que no sirvan para nada. Significa que no son el tratamiento, sino un complemento, y que quien te los venda como la solución definitiva a un problema que no ha valorado te está vendiendo algo que la evidencia no respalda.
Cuándo sí tienen sentido
Los hipopresivos encajan bien en algunos escenarios concretos:
- Como complemento en el posparto avanzado, una vez superadas las primeras semanas y con la valoración hecha, para trabajar la conciencia postural y el tono de la faja abdominal profunda.
- En la reeducación postural. Buena parte del beneficio que la gente nota viene del trabajo de postura, de la apertura de la caja torácica y de la elongación del eje, no de la apnea en sí.
- Para mejorar la conciencia corporal de una zona que la mayoría de la gente no sabe localizar. Sentir que ahí dentro pasa algo es un primer paso útil.
- Como parte de un programa más amplio, junto al entrenamiento específico del suelo pélvico y al ejercicio de fuerza, no en lugar de ellos.
Cuándo no: las contraindicaciones que casi nadie menciona
Esta es la parte que rara vez aparece en los vídeos de tres minutos.
Si tu suelo pélvico está en tensión, no débil
Es la situación más frecuente y la más malinterpretada. Hay suelos pélvicos que no fallan por falta de fuerza, sino por exceso de tono: músculos que no consiguen relajarse. Cursan con dolor, urgencia para orinar, sensación de no vaciar del todo, molestias en las relaciones sexuales.
En ese caso, añadir un estímulo que provoca contracción refleja empeora el cuadro. La persona lleva meses trabajando en la dirección contraria a la que necesita, y lo normal es que interprete que no mejora porque no se esfuerza bastante. Solo una valoración distingue un caso del otro; los síntomas, por sí solos, se parecen mucho.
Durante el embarazo
La apnea espiratoria no está indicada en el embarazo. Hay muchísimo trabajo útil que hacer durante esos meses, pero no es este.
Con hipertensión arterial o problemas cardiovasculares
La maniobra implica apneas repetidas y cambios de presión intratorácica. Si tienes hipertensión o cualquier patología cardiovascular, consúltalo antes.
En el posparto inmediato
Los tejidos necesitan tiempo. Empezar demasiado pronto, y sobre todo empezar sin que nadie haya mirado cómo está la cicatriz, la diástasis y el suelo pélvico, no acelera nada.
Hipopresivos y diástasis abdominal
Es la pregunta más repetida en consulta: ¿cierran los hipopresivos la diástasis abdominal?
La respuesta honesta es que no hay evidencia sólida de que la cierren por sí solos. Lo que sí puede mejorar es la función: cómo se comporta esa pared abdominal cuando toses, cuando coges peso, cuando te levantas de la cama. Y esa función importa más que el número de centímetros de separación, porque es lo que determina si tienes síntomas o no.
Una diástasis de dos dedos que trabaja bien da menos problemas que una de un dedo que no transmite fuerzas. El objetivo del tratamiento es esa capacidad de trabajo, no una cifra.
Hipopresivos frente a entrenamiento del suelo pélvico
No son lo mismo y no persiguen lo mismo:
- El entrenamiento del suelo pélvico es un trabajo voluntario, específico y dosificado de unos músculos concretos. Es el que tiene el respaldo de la evidencia para las pérdidas de orina y el que se prescribe en primer lugar.
- Los hipopresivos son un trabajo global, reflejo y postural. Complementan, no sustituyen.
Ponerlos a competir no tiene sentido. La pregunta correcta no es cuál es mejor, sino qué necesita tu caso, y eso exige mirarlo.
Cómo empezar bien
Si después de leer esto sigues queriendo probarlos, hazlo en este orden:
- Valoración primero. Saber si tu suelo pélvico está débil o en tensión cambia por completo lo que te conviene hacer. Es una sesión, y ahorra meses de trabajo en la dirección equivocada.
- Aprende la técnica con alguien delante. La apnea espiratoria es difícil de ejecutar bien, y hecha a medias no produce el efecto que se busca. Un vídeo no puede corregirte.
- Empieza tumbada. Las posturas de pie llegan después, cuando el patrón respiratorio ya está automatizado.
- Combínalos. Solos rinden poco. Dentro de un programa que incluya trabajo específico de suelo pélvico y fuerza general, rinden.
- Revisa a las seis u ocho semanas. Si no notas cambios, el problema no es la constancia: es que probablemente ese no era el trabajo que necesitabas.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas veces por semana hay que hacer hipopresivos?
Lo habitual es dos o tres sesiones semanales de veinte minutos. Más no es mejor: la técnica es exigente y hecha con fatiga se ejecuta mal.
¿En cuánto tiempo se notan los resultados?
Los cambios en postura y conciencia corporal aparecen pronto, en tres o cuatro semanas. Los cambios funcionales tardan más y dependen del punto de partida. Si a las ocho semanas no hay nada, toca revisar el planteamiento.
¿Sirven para perder barriga?
No adelgazan. Pueden mejorar el tono de la faja abdominal profunda y la postura, y eso cambia cómo se ve el abdomen, pero no reducen grasa.
¿Puedo hacerlos si tengo la regla?
Sí, no hay contraindicación. Si te resultan incómodos esos días, sáltalos sin más.
¿Y si tengo un prolapso?
Depende del grado y del tono de tu suelo pélvico. Hay prolapsos en los que ayudan y otros en los que no son la prioridad. Aquí la valoración previa no es recomendable: es imprescindible.
En resumen
Los hipopresivos no son ni el milagro que prometen algunos ni la tontería que dicen otros. Son una herramienta con indicaciones concretas que funciona bien cuando encaja con lo que tu cuerpo necesita, y que puede empeorar las cosas cuando no encaja.
La diferencia entre un caso y otro no la puedes ver tú desde casa. Se ve en una valoración.
¿Quieres saber si los hipopresivos te convienen? En FisioGDS hacemos una valoración de suelo pélvico antes de recomendar ningún ejercicio. Laura Gómez García, colegiada nº 1158, en Santiago de Compostela. Puedes escribirnos o llamar al 622 707 661.
